lunes, 19 de enero de 2009

TESTIMONIO


Sentimientos
En los albores del 2009, que nos señala un año nuevo con nuevos comienzos, lleno de esperanzas, y lo más importante Paz y sin guerras.
Lamento, sobre manera, como joven de 11 años, estar obligada a ser partícipe de la guerra contra Hamás, llamada *plomo fundido*
La operación comenzó durante la festividad de Hánuca.
Nuestros soldados comenzaron a bombardear los lugares desde los cuales se disparan *kasam y grad*(proyectiles de corto y largo alcanze) sobre los poblados del sur de nuestro país, entre ellos Ashkelón, ciudad donde vivo.
No olvidemos que los bombardeos del Hamás, empezaron mucho tiempo atrás; entónces yo vivía cerca de Tel Aviv, y no sabía ni sentía lo que era la caída de los *kasam* sobre los pobladores del sur.
Hoy en día que vivo en Ashkelón, se perfectamente el significado de las caídas de las bombas, cómo se debe actuar y cómo sobreponerse.
Les narraré mis sentimientos desde el sonar de la alarma hasta la caída del *kasam*.
La primera vez que escuché la alarma estaba en el colegio; durante las clases sonó la alarma, yo me puse muy nerviosa, y por negligencia me escondí debajo del pupitre, así creía que era lo correcto.
Mis compañeras me gritaron: -¡¡ Levántate de allí, y vení con nosotras!! -Me levanté rápido y recibí un golpe en la pierna, pero empecé a correr detrás de todas hasta llegar al refugio. Entonces comprendí que la función de la alarma es ponernos sobre aviso para que busquemos un lugar para resguardarnos de las bombas que nos arrojan.
Al cabo de 5 minutos recibimos la señal para abandonar el refugio.
Al salir de allí, estaba confundida y preocupada en demasía. Llamé por teléfono a mi mamá y me calmó diciendo que todo esta bien.
Me apuré hacia el grado de mi hermanita que cursa el primer grado; entonces me enteré que el °lugar de seguridad° de los más chicos es debajo de los pupitres, pues ellos no alcanzan a llegar al refugio, escasos 20 segundos.
Mi hermana, estaba histérica y asustada por la nueva situación, lloró mucho, me fue difícil calmarla.
La nueva situación que nos toca vivir a mi y mi familia, no es sencilla.
Por un lado comprendemos la necesidad de las fuerzas armadas de protegernos, y por consiguiente realizan su cometido en la mejor forma que es posible.
Pero, en el otro lado, la desesperación y el miedo que nos envuelve con el sonar de cada alarma, nos acompaña en la vida diaria; cada ruidito fuera de lo común, o sonido imprevisto, nos parece que es la alarma y ya corremos a los lugares protegidos.
Junto a la preocupación, a la desesperación, y un sin fin de sentimientos internos, aparecen señales de miedo y duda: las manos tiemblan, el corazón late muy fuerte, arranque de lágrimas, incógnita y miedo profundo de realizar cosas sola, como bañarse.
Junto a los sentimientos, nosotras no dejamos de preguntar a nuestros padres sobre el tema de los *kasam*; las respuestas nos mantienen al tanto sobre los acontecimientos momento a momento, lo cual nos proporciona un cierto entendimiento sobre la situación reinante, infundiéndonos cierta tranquilidad.
Tratamos en lo posible de ocupar nuestro tiempo, al no haber clases, en entretenimientos diversos y además en ejercicios para disminuir la tensión y la preocupación: respirar hondo, arrojar puñetes al aire, apretar las manos de mi papá y de mi mamá.
A causa de los acontecimientos, los colegios permanecen cerrados, y debemos quedarnos en nuestras casas, o cerca de lugares protegidos.
En resumen, podría decir que, no obstante el miedo y la preocupación provocados, a mi entender nuestros soldados hacen esfuerzos extremos con la finalidad de cambiar la situación imperante, y yo los admiro y envío mis ansias para reforzar sus manos.
Estoy esperanzada que todo terminará en un gran Shalom, para permitirnos continuar viviendo con tranquilidad y sin miedo.

C.B
Alumna de 6to. grado
Ashkelón
Israel

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